Fidel Castro, de revolucionario a dictador

“Condenadme no me importa, la historia me absolverá”.

Fidel Castro

El pasado 25 de noviembre, a las diez con veintinueve minutos hora local, falleció la leyenda revolucionaria, bandera del socialismo, Fidel Castro. El anuncio ocurrió a través de un video en el que el actual Presidente en funciones y de apellido Castro, hermano menor del líder cubano, Raúl, anunciaba al mundo entero que a la edad de noventa años y paradójicamente teniendo como marco el Black Friday (viernes negro) —es decir el día que formalmente da inicio a las compras decembrinas en donde podemos decir que se manifiesta el capitalismo norteamericano en pleno—, como si el destino le hiciera una jugarreta a Fidel Castro Ruz.
En el año de 1959, una vez que el ejército rebelde derrocara al entonces dictador Fulgencio Batista, y con el triunfo en sus manos, comenzó su lucha en contra de la hegemonía de Estados Unidos, como si de una batalla moderna entre David y Goliat se tratase.
Esta postura rebelde ante el imperialismo y capitalismo le ganó numerosos seguidores y reconocimiento mundial como parte de la resistencia y a favor dentro de la lógica de la guerra fría de la ex URSS, desde la Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles, Castro seguía adquiriendo protagonismo y liderazgo en una nación muy pequeña en población y económicamente, pero que en el colectivo imaginario, Castro Ruz representaba el sueño de José Martí y Simón Bolívar: el sueño integracionista de américa latina que se resume en la frase “América para los americanos”. Visión que recoge con brillantez Eduardo Galeano, al decir que algunos países se especializan en ganar y otros en perder, y que la única forma de dejar de hacerlo es la unificación de américa y así luchar contra el imperialismo y el nuevo colonialismo.
Fidel Castro en casi cinco décadas de mandato, vio desfilar a una decena de presidentes norteamericanos y a últimas fechas, pese a no ser más el Presidente de su país, pero que irónicamente heredó a su hermano la presidencia de Cuba, vio cómo lo que llamó el imperio norteamericano levantar el embargo económico y político que tuvo azotada a la isla por varios años. Lejos quedaron los patrocinios de la ex Unión Soviética (su patrocinador más importante) y el eje que se anteponía contra los intereses norteamericanos y capitalistas de la época.
Castro debe ser reconocido por lo que fue: un extraordinario líder y revolucionario que comandó el derrocamiento de un dictador como Batista, pero que curiosamente terminó convirtiéndose en algo similar a él, o peor; y es que sería injusto también no reconocerle que en Cuba la salud, la nutrición, y el deporte fueron una constante y con niveles mas que aceptables; pero por el otro lado el pueblo cubano sacrificó la libertad e inclusive la capacidad de soñar y triunfar, que es a final de cuentas el lado positivo que representa el sistema capitalista para mundo.
La muerte de Fidel Castro es el punto final a la época donde el mundo estaba polarizado entre socialistas y capitalistas. El líder cubano representaba el último sobreviviente con reconocimiento mundial, y el odio quizá en la misma proporción por ser un dictador en Cuba, pero también representa el sueño de rebeldía, de la integración de América, de la lucha contra el capitalismo voraz, y de todas las organizaciones que a hierro y fuego intentan imponer la voluntad de los ricos y poderosos en el mundo entero.
Quizá vivió demasiado para terminar siendo un dictador y no morir como un héroe. Yo me quedo con la figura de Fidel Castro del luchador, del soñador, del revolucionario, del compañero de viaje de Ernesto Che Guevara, el de “patria o muerte, venceremos” no con la del hombre de Estado y menos con la de dictador.

@r_g_illescas