El francotirador: memorias del Navy SEAL más letal de la historia

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“Soy un especulador, observo tranquilo  en la sombra cual francotirador de un solo tiro, silencioso y preciso”.
Oración del Francotirador

Después de dos semanas, terminé de leer el libro “Francotirador”, la autobiografía del hombre más letal y certero en la historia de los Estados Unidos de Norteamérica; fue escrito por él mismo, el oficial de mando del Equipo 3 de los SEAL, Chris Kyle.
Como los  rusos Vasili Zâitsev, Anatoly Chejov y Lyudmila Pavulichenk, que juntos aniquilaron a 755 soldados, generales y coroneles alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, o el estadounidense Adelbert Waldrom, que mató a 109 vietcong  en la Guerra de Vietnam, Chris Kyle (1974-2013) es ya una leyenda en la historia militar de los estadounidenses:
El francotirador más letal de las fuerzas especiales de la Armada estadounidense, los SEALS  (Mar, Aire y Tierra), con 160 objetivos abatidos (él mismo mencionaba que pudieran ser más de 250).
Además, su asesinato en 2012 por un marine que padecía estrés postraumático en Texas, lo convirtió en un icono popular en los Estados Unidos. Mientras que la película de Clint Eastwood (2015) suaviza las experiencias bélicas de Kyle, sus memorias no dejan lugar a dudas sobre la visión de su doctrina en la labor desarrollada en Irak, en cuatro periodos entre 2003 y 2009.
El libro  presenta al autor como cristiano ferviente y patriota. “Dios, patria, familia”, era su lema, apasionado de las armas y que encontró en el Ejército en un refugio de salvación personal.

Como tirador de élite, Kyle se forjo una fama entre sus compañeros y la población local, que lo denominada el “Demonio de Ramadi” y cuya cabeza se le puso el precio de 80 mil dólares.
La visión sobre la guerra es descarnada y cruda: los enemigos, sin distinción, son salvajes (es el adjetivo que más repite) y Kyle insiste en que su obligación consistía en defender a sus compañeros de los ataques terroristas: “abatir al enemigo, a un enemigo al que veía conspirar a diario para matar a mis compatriotas,” destaca.
Kyle en ningún momento se pone en la piel de la población local, ya fuesen mujeres (es elocuente el relato de la muerte de una de ellas) o niños. Sólo se refleja una mirada, la del soldado estadounidense que se halla en territorio enemigo y sufre ataques sin sentido (sin reflexionar sobre por qué se está en ese territorio, como común sucede a las tropas americanas cuando invaden otro territorio).
Es de destacar que los momentos más emotivos de Kyle son para narrar la agonía de un Marine en sus brazos, no para pensar en los estragos de la guerra entre la población  iraquí. Pero independientemente de la imagen subjetiva que se haga el lector sobre Kyle, el libro destaca por narrar con viveza, lucidez y un cierto tono desapasionado el día a día de una unidad de élite (los famosos SEAL).
Es discutible la percepción del protagonista sobre el deber en combate y la mirada maniquea del otro, pero en sus memorias subyace una conclusión: la guerra afecta incluso al hombre más centrado y matar, por muy salvaje que se considere al enemigo, resulta una losa demasiado pesada.
Kyle fue galardonado con dos estrellas de plata y cinco medallas de bronce con una V (por valor en combate) y numerosas otras distinciones militares.
Después de cuatro giras de combate en Irak, se convirtió en el instructor principal de capacitación para el entrenamiento de los equipos SEAL de las Fuerzas Espaciales de la Marina.
Él fue el autor de American Gun: A History of the U.S. in Ten Firearms. Un texano nativo, a Kyle le sobreviven su esposa y sus dos hijos.

“Francotirador”
Autores: Chris Kyle, Jim Defelice y Scott Mcewen
Editorial: Harper Cillins
Páginas: 384